Noel Godin: el terrorista dulce

Bill Gates no supo cómo reaccionar, quedando indefenso y desconfiado hasta de sus propios guardaespaldas que sólo buscaban hacer bien su trabajo: protegerlo tomándolo de los brazos. Nicolás Sarkozy continuó su caminar acelerado en un pasillo del Palacio de los Congresos de Bruselas, dejando detrás suyo la imagen de un niño caprichoso que avanza insensible hacia el encuentro programado. Bernard Henri-Lévy cayó en su propia trampa al olvidar que los argumentos tienen más fuerza que los golpes cuando se vio ridiculizado.

Ilustración de Sheila Alvarado

¿Quién es Noel Godin, el hombre que ha provocado esas situaciones? Simpáticamente lo han bautizado el terrorista dulce. Y sus diversas apariciones públicas llevan a una inevitable afirmación: los tortazos en la cara resultan muy efectivos. Noel es un belga que ha construido para sí la figura de un héroe que no defiende a los indefensos, sino que más bien ataca a los poderosos. Se hace llamar Georges Le Gloupier o El Entortador y lleva más de 40 años lanzando pastelazos a figuras públicas que considera como pretenciosas o pedantes.

De espíritu anarquista, su cruzada pastelera es parte de la búsqueda de una sociedad más libre. Su receta mezcla algo del arte militante que busca sacudir a los ciudadanos con el agregado de una cierta dosis de parodia y ridiculización. Bien ha sabido interpretar que en una sociedad donde la imagen parece ser más importante que el discurso, la mejor manera de intervenirlo es atacando su propia esencia de pomposidad. “Con la cara llena de chantilly, la autoridad ya no provoca respeto ni miedo, sino una saludable carcajada”.

Entre sus “conquistas”, El Entortador belga ha dedicado pasteles a Marguerite Duras, al cineasta Jean Luc Godard, al cantante Patrick Bruel y al coreógrafo Maurice Béjart. Estudió Derecho, pero dejó la carrera por haber tirado pegamento a un profesor cuyas ideas políticos no le gustaban. Es un anarquista que lleva casi treinta años sin trabajar en nada serio…

Godin tiene método y principios. No lanza pasteles por encargo. Intenta que en cada atentado haya varios tortazos, y para ello además, sólo emplea proyectiles de corteza delgada y relleno ligero para no causar daño en el impacto. “Una herida real siempre cicatriza, pero una herida al ego, nunca”. En teoría, bastaría con tomar la cuestión a la ligera para salir airoso, pero casi nadie atina a reírse de sí mismo con las fosas nasales rellenas de crema.

Extraído de elboomeran.com

¿Qué hay detrás de un plato?

¿Qué hay detrás de un plato en un restaurante al cual hemos llegado por reserva previa? Una inquietante pregunta que debiéramos hacernos cada tanto, la cual quizás nos abra las puertas de una satisfacción aun mayor. Lo que llega a nuestras mesas parece algo insignificante, y no hablamos de la abundancia o no de un plato, si lo relacionamos con el valor humano -agregado- que hay detrás de su elaboración. Toda una compleja estructura que funciona casi a la perfección, tanto que a veces nos cuesta comprender cómo un plato mantiene siempre su mismo sabor a lo largo del tiempo o lo que dure en la carta de un restaurante.

Tomemos por caso un ejemplo dentro de la carta de nuestros amigos de Chila: el lenguado, vieyras, champiñón de París, crema de almendras, vegetal de estación y su puré. Pasados los primeros segundos donde recobramos el aire por el suspiro de placer, podemos tomar distancia y comprender que allí hay también una historia, un modo en que se sucedieron las cosas para que ese fuese el resultado final y no otro. Una conjugación de tiempos, temperaturas, ingredientes y gritos.

Foto: https://www.facebook.com/pages/Chila-Buenos-Aires-Cuisine

Como serán de interesantes las historias paralelas que construyen los platos que podríamos averiguar si es verdad que el productor de los vegetales que forman parte de ese magnífico lenguado debió cosechar un martes, y no el lunes como lo tenía previsto porque una protesta demoró el tráfico en la Autopista 25 de Mayo. O imaginar que el ojo de bife al malbec con papas rotas al romero que acaba de llegar a nuestra mesa incluye además de sus ingredientes básicos, la emoción del Rotisseur que, previo a haber llegado a la cocina, estuvo lagrimeando por haber visto “Siempre a tu lado” (la historia del perro Hachi). ¿Cuánto sabor tiene ahora nuestros sorrentinos  rellenos de mozzarella, parmesano y lomito ahumado, con crema, queso cheddar y almendras al enterarnos esa noche que el Saucier que prepara nuestra salsa está más feliz que de costumbre porque se ha enterado que va a ser padre?

Foto: http://www.gourmetvinos.com/articulos

El plato termina siendo algo así como la novela de un escritor. No sólo están esas miles de páginas que nacen de la imaginación creativa, sino su propia historia personal entremezclada, su dolor, sus emociones, lo que sabe, lo que le contaron. Un cóctel de experiencias que se baten y dan vida a una nueva combinación. Pasos previos que anuncian la cercanía del final, ingredientes que se desechan por otros. Mientras esa belleza transcurre, el mundo, en cambio, prefiere seguir preguntándose por qué el Barcelona juega un gran fútbol, si es por la suma de individualidades o por la reencarnación de Dios en una zurda.

La logística que construyen los restaurantes para poder abastecerse de buenas materias primas para sus elaboraciones nos obliga a ampliar nuestra mirada. Nos hace respetar aun más a la cocina porteña, nos hace afinar nuestro paladar para buscar un sabor hasta ahora oculto. Un sabor que se parece cada vez más a la agradable sensación del contacto humano. Un plato que ahora está lleno de muchas historias que son, al fin y al cabo, las historias que nos rodean.

“Mami, papi, ¿vamos a comer afuera?”

Salir a comer con chicos

La sonrisa de un chico es una de las cosas más tiernas que existen. Tener un hijo es un hito en la vida. Malcriar a sobrinos y a nietos es sin dudas divertidísimo. Sin embargo, a la hora de salir a comer, no son pocos los que maldicen al ver a cuatro primitos peleándose por elegir el mejor lugar en la mesa de al lado. Una pelea que parece muy importante, aunque se levantarán a los 5 minutos. De ahí la polémica acerca de si ciertas edades juveniles hacen imposible una cena afuera en familia, por una cuestión de respeto hacia los demás comensales del lugar.
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Dame un After Office con coca al final

After office!

La aparición de novedosas propuestas gastronómicas ha permitido ampliar las excusas al momento de justificar el tan querido y necesario “after office”. Ya no hace falta recurrir a argumentos tan poco creíbles como: “te juro que nos reunimos para cerrar el presupuesto 2012”. Una excusa que hoy muere mucho más rápido gracias a la aparición –al día siguiente– de la foto en Facebook que nos muestra en la barra con un clavo en el codo, pidiendo otro tequila al grito de: “hoy de acá me sacan con un juez”.
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El arte del buen servir

El mejor amigo del comensal, el camarero

Más allá de que sea una relación de una sola noche, entre camarero y comensal se escribe una especie de historia de amor, capaz de potenciar o boicotear la magia de salir a comer. Ese intangible de sentirse bienvenido es una fuerza muy poderosa para volver a un lugar. Y una de las formas de lograrlo, por parte de un restaurante, es con un servicio atento, y que dé en la tecla de lo que quiere cada cliente.
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Pasame el pan y mañana devolveme la abrochadora

La inminente llegada del fin de año viene indefectiblemente acompañada por una serie de eventos cuasi obligatorios. Entre las variadas invitaciones para reunirse y despedir el 2011, un clásico ineludible es la cena con la gente de la oficina. La mayoría de las demás alternativas, propuestas por parientes, amigos, colegas, conocidos, vecinos y ex compañeros de la promoción ’95, estarán destinadas a morir antes de florecer.
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Comer también genera dudas

Foto: http://www.flickr.com/photos/johnjoh/

¿Qué comer o qué no comer? Esa es la cuestión. Hay debates que son trascendentales, tanto es así, que son debates que existen solamente para complicarnos la existencia (¿me voy a vivir solo o apuesto al amor?) o hacernos más divertido el día (¿recargo la tarjeta SUBE o uso monedas?). Cuando vamos a Recoleta a comer a un restaurante de comida mediterránea con familiares nos enfrentamos a uno de estos incómodos cuestionamientos: lo que tenga ganas comer o lo que seguro no cocino en casa.
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